Había una vez, en un reino muy lejano, una princesa que buscaba
un príncipe con el que compartir el resto de sus días.
Buscaba y buscaba y no lograba encontrar a la persona idónea,
así que un día decidió una cosa...
Hizo un llamamiento a todos los hombres del reino y les propuso una cosa.
Durante 365 días, deberían permanecer en el muro de su castillo, y el último que
quedara en este, sería su príncipe.
Y así fue, ante el llamamiento de la princesa, acudieron miles de hombres
dispuestos a convertirse en aquel príncipe que ella tanto deseaba.
Pararon los días y aguantaron bastantes.
Pero iban pasando los meses y el interés de estos hombres se desvanecía.
Pasaron meses y meses y cada vez iban quedando menos pretendientes.
Al llegar el día 364, la princesa se acercó al muro y se dio cuenta de que solo
quedaba un hombre. -Ese será mi príncipe¡ exclamó la princesa.
Al día siguiente, cuando la princesa regresó al muro, aquel futuro príncipe
ya no estaba.
El muchacho, al regresar a su casa, se encontró con su madre, y esta le preguntó:
-Pero hijo, si ya solo te quedaba un día, ¿por qué te has ido?
Este le respondió: - Madre, la princesa estuvo allí y me vio, me vio pasar frío bajo la lluvia
, me vio muerto de hambre, una persona que podía haberme evitado todo eso, no merece mi amor.
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